Juan Leal en pocas palabras

Juan se considera de Arles aunque haya nacido cerca de París. Desde muy joven frecuenta la escuela taurina que dirige su tío Paquito Leal, mientras sigue cursando sus estudios hasta el Bachillerato. Muy pronto Juan decide exiliarse a España, dejando atrás la plaza del fórum que se había quedado demasiado chico para albergar la realización de sus sueños. Para él es fundamental seguir el ejemplo de Sebastián Castella, que un día se fue a vivir a Sevilla, para convertirse en figura del toreo. Se fue, tras la huella de su primo Marco Leal, a vivir a Ávila. Marco vuelve a Arles para seguir su temporada pero Juan se quedará en España. En ningún caso se plantea dar un paso atrás, en la tauromaquia los pasos siempre se dan para adelante... Sus inicios en la “jungla taurina”  no van a ser sencillos, y muchas veces, serán más bien, momentos amargos. La determinación de él es tal que nada ni nadie podrá anteponerse a sus ganas de ser torero.


 

El día de su debut viste un traje de luces con un color marchitado, herencia, gastado por mil batallas de la dinastía Leal. Sigue un curso de costura en internet para aprender a coser y confeccionarse el sólo su primer capote de paseo. Contra vientos y mareas afronta sus primeros compromisos taurinos, con un bagaje técnico muy limitado. La temporada siguiente, después de haber superado el examen de entrada, ingresa en la escuela taurina del Juli en Arganda del Rey. Para sobrevivir y costear su estancia Juan ejercía varias profesiones; primero repartidor de pizza y después pizzero. Los pasos siempre para adelante…

 

Sus profesores en la escuela son los toreros, Ángel Gómez Escorial y Javier Vázquez. Con ellos completa su preparación y torea un buen número de novilladas sin caballos, muchas veces acompañado por su compañero Fernando Adrián.  En esta época los dos alumnos comparten muchas tardes de campo con el maestro Juli.

 

En esta misma temporada, Mauricio Berho le siguió en distintas actuaciones. Fue en Rion des Landes, después de un gran triunfo de Juan, donde le dijo que lo llamaría durante el invierno… y así lo hizo. La última prueba fue en casa de Fuente Ymbro, donde se selló un acuerdo. Desde entonces Juan Leal iba a ser apoderado por Mauricio Berho y Jean Marie Raymond. Una vez más Juan cierra sus maletas y viaja a Sevilla para instalarse en la ganadería de Jean Marie.

 

Juan Leal es un apasionado del campo, en el que se siente como un pez en el agua. Donde cada día perfecciona sus conocimientos sobre el toro bravo. Miradas, comportamientos, terrenos, y hechuras son los parámetros que todos los días contrasta a pie o a caballo durante el manejo del ganado.

 

El resto del tiempo torea de salón, repitiendo miles y miles de veces los movimientos que serán reflejados en la cara del toro en una plaza.